El conflicto generacional en los Ingenieros de caminos: Mi Perspectiva

Estimados compañeros:


Desde mi llegada a la profesión, no hace demasiados años, me han ido saltando a la cara (y a los bolsillos, pero ese es otro asunto) sucesivas decepciones. Algunas de estas decepciones están vinculadas directamente a compañeros de profesión. Como este es un foro de ingenieros de caminos, supongo que debe ser el lugar adecuado para hablar de esas decepciones… así que escribo esta carta, aun siendo consciente de las ampollas que va a levantar. Siempre es bueno que haya polémica y debate dentro de un colectivo, incluso en uno tan adormecido y pagado de sí mismo como el de los ingenieros de caminos.


Se (me) quejaba hace unos meses -en la elección de los órganos de gobierno de mi demarcación, La Rioja- un colegiado jubilado del escaso interés de los jóvenes por el colegio. Cuando le expliqué que el culpable de eso podrían ser el propio colegio y la propia junta saliente (y entrante, ya que en mi demarcación sólo hay una lista), por no concitar el interés de los jóvenes, puso cara de sentirse incómodo, de estar ocupado y rápidamente pasó a sus asuntos. Y es que muchas cosas preferimos ni oírlas. En tal caso, no sigáis leyendo.


Resulta evidente que si una parte sustancial de los colegiados jóvenes no participa del colegio y de otros ámbitos de la vida profesional es por una de las dos razones siguientes (o una combinación lineal de ellas): o bien NO QUIEREN o bien NO LES DEJAN.

Podría ser que los que NO QUIEREN sea porque no se sienten demasiado identificados con unos ingenieros en la cincuentena, de sexo masculino, mayoritariamente conservadores, que copan casi todos los cargos. Gente graduada en otra época, que comenzaron su singladura en un momento en el que el prestigio social de la profesión era más alto y las relaciones con administración y empresas estupendas en cuanto a trato y a remuneración. Podría ser que, al contrario de los anteriores, muchos jóvenes ingenieros de caminos vean que han pasado a ser unos titulados más de entre otros miles y a los cuales les sisan competencias todas las titulaciones imaginables (aparejadores, arquitectos, ingenieros industriales, ingenieros forestales, biólogos…). Y podría ser que hayan visto que el colegio no da respuesta a eso, porque se ocupa de organizar cursos de precios surrealistas (¿360 € una jornada, precio de colegiado? ¿qué absurdo es ese?) merced a su buena relación con algunas administraciones y muchas empresas (las mismas que, podría ser, explotan a los jóvenes colegiados). Y podría ser que hayan sentido que el colegio tiene como una actividad principal el conceder medallas y distinciones (y es que el que hoy condecora sabe que mañana será condecorado por el condecoró, que buen condecorador será). No sé los demás, pero cuando yo tuve noticia de que las medallas no son honoríficas sino físicas (es decir, un trozo de tela que prende un metal y que se fijan en las solapas) me sentí transportado a una época anacrónica y de caspa que creía pasada. Todo esto no tiene que ver en absoluto con la sociedad de hoy en día, en la que vivimos los colegiados jóvenes: de ahí la huida. Se me responderá indignadamente que también se hacen cosas útiles… sólo faltaba que no, con las cuotas que se pagan y el sangrado brutal que supone el visado para los autónomos.

Luego están aquellos a los que NO LES DEJAN. Y es que cuando la gente está bien asentada se hace conservadora y sólo quiere su sillón y aparta a codazos a cualquiera que se acerca. Si el que se acerca, además, tiene ideas renovadoras, una visión diferente de la profesión y maneja herramientas innovadoras, con mayor razón. ¿Por qué? Porque es peligroso para su microimperio, constituido hace años, que les nutre económicamente y les da prestigio. Para ellos es preferible alguien que esté en la cincuentena, sepa manejar las herramientas de antaño y no las modernas, aunque sea a costa de la calidad o de la productividad. Me los imagino mascullando “Estos jóvenes, que no tienen ni [póngase aquí el taco que guste] idea de nada, vienen a decirme cómo hacer las cosas. A mí. ¡Ja!…” Todos conocemos a gente que piensa así. Eso es un mal doble, ya que pierde la oportunidad de enriquecer al joven con su experiencia y de enriquecerse a sí mismo con las ideas del joven. Estos criterios de “los antiguos mejor” se aplican en el acceso a los contratos de la administración (que son básicamente nuestra fuente de vida) y en el acceso a cualquier órgano del colegio, que es una herramienta fundamental para el contacto, el diálogo y la mejora. Y esto va en perjuicio de los jóvenes, de los mayores, de la profesión y, en suma, de la sociedad.

Supongo que sólo debería hablar de mi demarcación, que es la que conozco, pero aunque no tengo detalles de las miserias de las demás, las imagino por estos mismos derroteros. Que me corrijan y me den envidia si no es así en otras regiones. Igualmente, ruego que me disculpen quienes se sientan agraviados, e imagino que serán varios, contra los cuales no tengo nada personal, en absoluto. Me gustaría que esto fuera una carta abierta y poder leer respuestas en esta misma sección de La Voz del Colegiado, al que agradezco la labor de “fomento de la biodiversidad” que hace publicándome esta carta. También está abierto a respuestas y reflexiones mi correo electrónico, tanto para jóvenes como para (y que nadie se ofenda con esta cariñosa broma) los dinosaurios que hayan aprendido a abrirse una cuenta de e-mail.

Atentamente.

Rubén Eguíluz Girauta

Colegiado nº 21.247

One Response to “El conflicto generacional en los Ingenieros de caminos: Mi Perspectiva”

  1. Rafael Nieto Cufí Says:

    Carta abierta a Rubén Eguíluz, compañero (Respuesta a la suya, de junio en ‘La Voz del Colegiado’)
    RAFAEL NIETO CUFÍ
    Colegiado nº 23

    No hay conflicto generacional —si uno no quiere—. Sí hay múltiples, mejores “salidas”; pero hay que molestarse en buscarlas, y perseverar en desarrollarlas. Creo.

    Me alegró, cantidad, su artículo. Sus protestas ponderadas, sus sólidas razones rebeldes. Y me alegró mucho más que La Voz lo acogiera, tras tanto escrito canijo, evanescente, pretérito. Ojalá siga así con este mío, que no es chica trágala: eso sí, con el mayor respeto e intención. Rubén dice mucho. Si uno lo lee, lo piensa bien, y siente bien, debería remover conciencias, estructuras, métodos. Singularmente, especialmente, en nuestro Colegio. Y viene de atrás. Pena. Por eso, y aunque tarde, creo que podemos y debemos mejorar: en ritmo, objetivos, ilusión y, sobre todo, en convicción ante la juventud nuestra y la ajena, ante el mundo de hoy y el futuro. Salir del agujero cómodo de Almagro 42: dicho con todo respeto y cariño por este dinosaurio, colegiado número 23, el más antiguo de la serie (mientras dure el milagrito).

    Hay una parte del artículo que no me gustó: rezuma, diría yo, añoranza de las prebendas y posiciones de ventaja del ingeniero viejo. Puedo equivocarme —me alegraría— porque no es eso; esa vía no sirve, y menos hoy: porque el mercado impone su ley, y Bolonia, la UE, la nueva dinámica, el mundo emergente y potente nos obligan a cambiar, desde ya, retrasados. Otra parte, sin parte (omisión), tampoco me gustó; me refiero a que, a más de protestar —que aplaudo— hay que dar soluciones posibles, aparte la que cita, bien, de inserción urgente y progresiva de los jóvenes entre los cuadros veteranos.

    Soluciones. Ahí está el reto. Reto especial al ingeniero moderno, con visión de presente y futuro. Recuperar el espíritu, y la acción generosa de los Grandes Ingenieros que nos formaron: los Entrecanales, los Torroja, etc.,etc. Sus consignas, “Ingeniero de Caminos es aquel que hace por uno lo que otro profesional hace por cinco”. Aquellos que nos animaron y enseñaron a poblar Latinoamérica, África, Oriente Medio, etc, de ingenieros de talla, y valor, y riesgo, tan lejos del casero comodón.

    Aportaciones: espero que los jóvenes respondan. En visión de este dinosaurio diría, en principio: NO. Dejar en paz de una vez y por siempre a D. Agustín, y sus tan santificadas glorias del paleolítico —si es lo que fueron—. Y cortar también, hasta el infinitésimo, esa infinitud de medallas, distinciones, actos, papel couché, sobre naderías: dan risa, si no pena. Somos poquita cosa, y, si nos admiramos el ombligo, somos cero, patatero.

    Sí, el Cuerpo de Caminos —que yo sigo amando terne— ya no existe en su versión antigua, pagada de sí misma, con frecuencia adocenada en su mamandurria, y peor, con visión miope y generosidad escasa. Ha habido de los otros, pero pocos, con escaso o nulo “tirón” sobre el resto. Esto hoy, creo, es suicida, corporativamente. Hay que cambiar. Ya. Y se puede.

    Yo considero a los camineros de antes y de ahora como valores potencialmente sólidos, muy superiores a la media universitaria. Por selección personal, por formación escolar y por su trabajo realista, constructivo y de carácter nacional o internacional. Muchas posibilidades, pues. Pero creo que, de tiempo atrás, sin razón, estamos enquistados, como en burbuja extraterrestre, y pasivos, inanes —como colectivo al menos—, ¿cómo es posible esto? Urge reaccionar: hay que desparramarse por el mundo, en centenares, miles, de equipos multidisciplinares; podemos hacer un buen papel, sobresalir ayudando y dirigiendo. Debemos hacerlo, competir por doquier, aprovechando las ventajas de nuestra excelente formación lógica y constructora, y amplia, abierta. Y las grandes posibilidades que nos da el ordenador, internet, la globalización imparable, la dinámica mundial democrática y librepensadora —eludiendo todavía esos restos de fanatismos y fideísmos excluyentes y anquilosantes—. Estoy convencido, amigo Rubén, de que los jóvenes ingenieros os abriréis caminos prometedores, deslumbrantes hoy, en un mundo a vuestro alcance. Luchando, claro. Tropecientas autopistas disponibles. Desde mi limitada perspectiva dinosauria, apunto algunas:

    · El mundo esotérico, fascinante, del I+D, tan necesario y tan indigente en España. Levantarlo: vuestros conocimientos en probabilidades, movimientos varios, choques, viscosidad, tensiones, pueden valorarse mucho, en laboratorios, Nanotecnología, Biología. Hay muchísimo por hacer, crear.

    · Colaborando con la medicina: traumatología, con tu resistencia de los materiales, circulatorio, con tu hidrología; psicología-psiquiatría, con tu apabullante lógica constructora.

    · Colaborando en medio ambiente: los trasvases, los acuíferos, los mares y mareas, los vientos y generadores, los aprovechamientos geológicos en profundidad o superficie, los grandes puentes, parques e infraestructuras. Etc., etc., etc. Buscad tareas: encontraréis, triunfaréis.

    · Con las finanzas, mundo empresarial y afines. Próximo a vosotros, atrayente a muchos.

    · Los seguros, siniestros, peritajes, arbitrios. Amplio campo, fácil para vosotros. Trabajadlo.

    · Etc, etc, etc, que se escapan a este dinosaurio, pero no a vosotros, si estáis alerta. Por ejemplo, la ENSEÑANZA, plena, actualizada, a todos los niveles. Muy gratificante.

    · Y el intrusismo arquitecto español -ingeniero español (los foráneos, diferentes, lo tienen claro).

    Tenéis ahí un enorme campo de trabajos múltiples, que son vuestra especialidad y que os han hurtado por ahora. Me refiero, en especial, a las obras ITE, Comunidad de Madrid, regaladas, en práctico monopolio, a los arquitectos: presupuestos totales de miles de millones, o billones (pts.). Injusto a todas luces, porque no se trata de proyectos de viviendas, sino de construcción, reconstrucción, averías, saneamientos, tuberías y similares. Y en mi larga vida ingenieril, salvo raras excepciones, han sido tarea de ingenieros. Yo he reclamado en vano, estoy en pleito por eso; pero hay mucho politiqueo por medio, intereses creados, y es difícil corregirlo, para un solitario. Pero en equipo, Internet, prensa, contactos múltiples, podéis virar la nave por buen rumbo. ¡Suerte!

    No sigo, Rubén, que hoy he hecho demasiado ruido, sin filtro, ni pulimento. Y el eco, ¡¡¡ojo al eco!!!

    (Publicado en La Voz del COLEGIADO nº 307 Septiembre 2007, http://www.ciccp.es/ImgWeb/Sede%20Nacional/nuevo_home/Bole

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