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El conflicto generacional en los Ingenieros de caminos: Mi Perspectiva

Viernes, Marzo 2nd, 2007

Estimados compañeros:


Desde mi llegada a la profesión, no hace demasiados años, me han ido saltando a la cara (y a los bolsillos, pero ese es otro asunto) sucesivas decepciones. Algunas de estas decepciones están vinculadas directamente a compañeros de profesión. Como este es un foro de ingenieros de caminos, supongo que debe ser el lugar adecuado para hablar de esas decepciones… así que escribo esta carta, aun siendo consciente de las ampollas que va a levantar. Siempre es bueno que haya polémica y debate dentro de un colectivo, incluso en uno tan adormecido y pagado de sí mismo como el de los ingenieros de caminos.


Se (me) quejaba hace unos meses -en la elección de los órganos de gobierno de mi demarcación, La Rioja- un colegiado jubilado del escaso interés de los jóvenes por el colegio. Cuando le expliqué que el culpable de eso podrían ser el propio colegio y la propia junta saliente (y entrante, ya que en mi demarcación sólo hay una lista), por no concitar el interés de los jóvenes, puso cara de sentirse incómodo, de estar ocupado y rápidamente pasó a sus asuntos. Y es que muchas cosas preferimos ni oírlas. En tal caso, no sigáis leyendo.


Resulta evidente que si una parte sustancial de los colegiados jóvenes no participa del colegio y de otros ámbitos de la vida profesional es por una de las dos razones siguientes (o una combinación lineal de ellas): o bien NO QUIEREN o bien NO LES DEJAN.

Podría ser que los que NO QUIEREN sea porque no se sienten demasiado identificados con unos ingenieros en la cincuentena, de sexo masculino, mayoritariamente conservadores, que copan casi todos los cargos. Gente graduada en otra época, que comenzaron su singladura en un momento en el que el prestigio social de la profesión era más alto y las relaciones con administración y empresas estupendas en cuanto a trato y a remuneración. Podría ser que, al contrario de los anteriores, muchos jóvenes ingenieros de caminos vean que han pasado a ser unos titulados más de entre otros miles y a los cuales les sisan competencias todas las titulaciones imaginables (aparejadores, arquitectos, ingenieros industriales, ingenieros forestales, biólogos…). Y podría ser que hayan visto que el colegio no da respuesta a eso, porque se ocupa de organizar cursos de precios surrealistas (¿360 € una jornada, precio de colegiado? ¿qué absurdo es ese?) merced a su buena relación con algunas administraciones y muchas empresas (las mismas que, podría ser, explotan a los jóvenes colegiados). Y podría ser que hayan sentido que el colegio tiene como una actividad principal el conceder medallas y distinciones (y es que el que hoy condecora sabe que mañana será condecorado por el condecoró, que buen condecorador será). No sé los demás, pero cuando yo tuve noticia de que las medallas no son honoríficas sino físicas (es decir, un trozo de tela que prende un metal y que se fijan en las solapas) me sentí transportado a una época anacrónica y de caspa que creía pasada. Todo esto no tiene que ver en absoluto con la sociedad de hoy en día, en la que vivimos los colegiados jóvenes: de ahí la huida. Se me responderá indignadamente que también se hacen cosas útiles… sólo faltaba que no, con las cuotas que se pagan y el sangrado brutal que supone el visado para los autónomos.

Luego están aquellos a los que NO LES DEJAN. Y es que cuando la gente está bien asentada se hace conservadora y sólo quiere su sillón y aparta a codazos a cualquiera que se acerca. Si el que se acerca, además, tiene ideas renovadoras, una visión diferente de la profesión y maneja herramientas innovadoras, con mayor razón. ¿Por qué? Porque es peligroso para su microimperio, constituido hace años, que les nutre económicamente y les da prestigio. Para ellos es preferible alguien que esté en la cincuentena, sepa manejar las herramientas de antaño y no las modernas, aunque sea a costa de la calidad o de la productividad. Me los imagino mascullando “Estos jóvenes, que no tienen ni [póngase aquí el taco que guste] idea de nada, vienen a decirme cómo hacer las cosas. A mí. ¡Ja!…” Todos conocemos a gente que piensa así. Eso es un mal doble, ya que pierde la oportunidad de enriquecer al joven con su experiencia y de enriquecerse a sí mismo con las ideas del joven. Estos criterios de “los antiguos mejor” se aplican en el acceso a los contratos de la administración (que son básicamente nuestra fuente de vida) y en el acceso a cualquier órgano del colegio, que es una herramienta fundamental para el contacto, el diálogo y la mejora. Y esto va en perjuicio de los jóvenes, de los mayores, de la profesión y, en suma, de la sociedad.

Supongo que sólo debería hablar de mi demarcación, que es la que conozco, pero aunque no tengo detalles de las miserias de las demás, las imagino por estos mismos derroteros. Que me corrijan y me den envidia si no es así en otras regiones. Igualmente, ruego que me disculpen quienes se sientan agraviados, e imagino que serán varios, contra los cuales no tengo nada personal, en absoluto. Me gustaría que esto fuera una carta abierta y poder leer respuestas en esta misma sección de La Voz del Colegiado, al que agradezco la labor de “fomento de la biodiversidad” que hace publicándome esta carta. También está abierto a respuestas y reflexiones mi correo electrónico, tanto para jóvenes como para (y que nadie se ofenda con esta cariñosa broma) los dinosaurios que hayan aprendido a abrirse una cuenta de e-mail.

Atentamente.

Rubén Eguíluz Girauta

Colegiado nº 21.247