No Hay Color (Carta enviada al Diario LA RIOJA)

noviembre 22nd, 2007

Dicen que sobre gustos no hay nada escrito. Mentira. Como dice un amigo: sí que lo hay, lo que pasa es que nadie lo ha leído. Sobre gustos no hay colores y precisamente sobre colores les voy a hablar a continuación.

 

 

Desde hace años existe una especie de fiebre en las alcaldías por inaugurar una serie de edificios de carácter público, o por lo menos financiados con dichos fondos, que aporten un carácter distintivo, atraigan al turismo o cubran el expediente de lo que se entiende por ciudad moderna, adentrados que estamos en el s.21. Esta política del corte de banda, de la mano de la cultura del ladrillo, ha dado algún preciado fruto, pero también ha sido máscara de grandes jugadas inmobiliarias y alimento de sueños de grandeza y ya se sabe que la fiebre provoca el delirio.

 

 

 

Entre las construcciones referidas una de las de mayor éxito es el museo de arte contemporáneo y sepan que la ciudad de Logroño ha tenido uno, sí, y además, regalado, gratis, sin gastar un euro de las arcas y cargadito de arte de hoy en día o ¿qué piensan que es el arte contemporáneo? Tal vez alguien se esté preguntando dónde: en la antigua glorieta que hay entre la C/Chile y la carretera de Soria, la más grande de las glorietas que es dividida en dos semicírculos por la circunvalación; un lugar residual de la construcción de dicha circunvalación que nació como proyecto de plaza (plaza absurda me atrevo a decir aunque menos que esas esculturas que suelen plantar en las glorietas) y que fue evolucionando hasta convertirse en un lugar aparte, una isla en medio de la corriente del tráfico. Pero la isla no estaba desierta y hubo gentes que pusieron mucho entusiasmo, que dieron mucho de sí, para que cogiera color y la hicieron suya y dejaron las puertas abiertas. Causaba admiración poder ver algún grafitero pintando aquellos murales, algunos fantásticos, que se iban superponiendo según cierto orden cronológico, y la cantidad de detalles en las numerosas pintadas sobre muros, columnas, pasadizos; en el suelo, farolas, en un árbol… siempre algo por descubrir, arte a la intemperie bajo un atmósfera de desvencijada majestuosidad, puro underground.

Y si hablo en pasado es porque todo esto ha sido y es pasto de excavadoras, apisonadoras, etc. Y no es que la glorieta desaparezca sino que desde los despachos de políticos, técnicos y demás se le dictó sentencia… pensarán que las ideas que proyectan anestesiados sobre un plano contienen más pasión que los esprays rabiosos escupiendo colores; pensarán que hay más verdad en los despachos que en las voces que surgen espontáneas en la calle; o, prosaicamente: pensarán que no hay nada mejor que hacer con el dinero. Al final, como tantas veces, tal vez sea una cuestión de cabello, y que cada uno acierte con su espejo.

Yo, por mí parte, el mal gusto no lo aplaudo y denuncio la falta de respeto. Por lo tanto, lo mismo me da si en la glorieta renovada van a poner un bonito carril bici, como si van a hacer un parque de atracciones, desde aquí les pido que repongan la glorieta tal y como era, con su graderío, sus cuatro columnas, sus árboles, etc. Y que lo paguen con el dinero de sus bolsillos.

 

 

Sobre el mal gusto no hay nada escrito y carece de colores. Miren a su alrededor.

Ezequiel González Rodríguez

Tlf: 617776431

Logroño Logroño a 22 de noviembre del 2.007

El conflicto generacional en los Ingenieros de caminos: Mi Perspectiva

marzo 2nd, 2007

Estimados compañeros:


Desde mi llegada a la profesión, no hace demasiados años, me han ido saltando a la cara (y a los bolsillos, pero ese es otro asunto) sucesivas decepciones. Algunas de estas decepciones están vinculadas directamente a compañeros de profesión. Como este es un foro de ingenieros de caminos, supongo que debe ser el lugar adecuado para hablar de esas decepciones… así que escribo esta carta, aun siendo consciente de las ampollas que va a levantar. Siempre es bueno que haya polémica y debate dentro de un colectivo, incluso en uno tan adormecido y pagado de sí mismo como el de los ingenieros de caminos.


Se (me) quejaba hace unos meses -en la elección de los órganos de gobierno de mi demarcación, La Rioja- un colegiado jubilado del escaso interés de los jóvenes por el colegio. Cuando le expliqué que el culpable de eso podrían ser el propio colegio y la propia junta saliente (y entrante, ya que en mi demarcación sólo hay una lista), por no concitar el interés de los jóvenes, puso cara de sentirse incómodo, de estar ocupado y rápidamente pasó a sus asuntos. Y es que muchas cosas preferimos ni oírlas. En tal caso, no sigáis leyendo.


Resulta evidente que si una parte sustancial de los colegiados jóvenes no participa del colegio y de otros ámbitos de la vida profesional es por una de las dos razones siguientes (o una combinación lineal de ellas): o bien NO QUIEREN o bien NO LES DEJAN.

Podría ser que los que NO QUIEREN sea porque no se sienten demasiado identificados con unos ingenieros en la cincuentena, de sexo masculino, mayoritariamente conservadores, que copan casi todos los cargos. Gente graduada en otra época, que comenzaron su singladura en un momento en el que el prestigio social de la profesión era más alto y las relaciones con administración y empresas estupendas en cuanto a trato y a remuneración. Podría ser que, al contrario de los anteriores, muchos jóvenes ingenieros de caminos vean que han pasado a ser unos titulados más de entre otros miles y a los cuales les sisan competencias todas las titulaciones imaginables (aparejadores, arquitectos, ingenieros industriales, ingenieros forestales, biólogos…). Y podría ser que hayan visto que el colegio no da respuesta a eso, porque se ocupa de organizar cursos de precios surrealistas (¿360 € una jornada, precio de colegiado? ¿qué absurdo es ese?) merced a su buena relación con algunas administraciones y muchas empresas (las mismas que, podría ser, explotan a los jóvenes colegiados). Y podría ser que hayan sentido que el colegio tiene como una actividad principal el conceder medallas y distinciones (y es que el que hoy condecora sabe que mañana será condecorado por el condecoró, que buen condecorador será). No sé los demás, pero cuando yo tuve noticia de que las medallas no son honoríficas sino físicas (es decir, un trozo de tela que prende un metal y que se fijan en las solapas) me sentí transportado a una época anacrónica y de caspa que creía pasada. Todo esto no tiene que ver en absoluto con la sociedad de hoy en día, en la que vivimos los colegiados jóvenes: de ahí la huida. Se me responderá indignadamente que también se hacen cosas útiles… sólo faltaba que no, con las cuotas que se pagan y el sangrado brutal que supone el visado para los autónomos.

Luego están aquellos a los que NO LES DEJAN. Y es que cuando la gente está bien asentada se hace conservadora y sólo quiere su sillón y aparta a codazos a cualquiera que se acerca. Si el que se acerca, además, tiene ideas renovadoras, una visión diferente de la profesión y maneja herramientas innovadoras, con mayor razón. ¿Por qué? Porque es peligroso para su microimperio, constituido hace años, que les nutre económicamente y les da prestigio. Para ellos es preferible alguien que esté en la cincuentena, sepa manejar las herramientas de antaño y no las modernas, aunque sea a costa de la calidad o de la productividad. Me los imagino mascullando “Estos jóvenes, que no tienen ni [póngase aquí el taco que guste] idea de nada, vienen a decirme cómo hacer las cosas. A mí. ¡Ja!…” Todos conocemos a gente que piensa así. Eso es un mal doble, ya que pierde la oportunidad de enriquecer al joven con su experiencia y de enriquecerse a sí mismo con las ideas del joven. Estos criterios de “los antiguos mejor” se aplican en el acceso a los contratos de la administración (que son básicamente nuestra fuente de vida) y en el acceso a cualquier órgano del colegio, que es una herramienta fundamental para el contacto, el diálogo y la mejora. Y esto va en perjuicio de los jóvenes, de los mayores, de la profesión y, en suma, de la sociedad.

Supongo que sólo debería hablar de mi demarcación, que es la que conozco, pero aunque no tengo detalles de las miserias de las demás, las imagino por estos mismos derroteros. Que me corrijan y me den envidia si no es así en otras regiones. Igualmente, ruego que me disculpen quienes se sientan agraviados, e imagino que serán varios, contra los cuales no tengo nada personal, en absoluto. Me gustaría que esto fuera una carta abierta y poder leer respuestas en esta misma sección de La Voz del Colegiado, al que agradezco la labor de “fomento de la biodiversidad” que hace publicándome esta carta. También está abierto a respuestas y reflexiones mi correo electrónico, tanto para jóvenes como para (y que nadie se ofenda con esta cariñosa broma) los dinosaurios que hayan aprendido a abrirse una cuenta de e-mail.

Atentamente.

Rubén Eguíluz Girauta

Colegiado nº 21.247